

En 1904 los festejos de Carnaval incluyeron en su programa el primer entierro sabatino del mal humor, aunque en esta primera celebración no causó la espectación que le sería tan característica años más adelante por, lo que pasó sin pena ni gloria.
A decir de los enterados, la quema del mal humor es un ajusticiamiento popular de las penas que afligieron todo el año a los porteños, representado por la quema en vivo de una figura en efigie que generalmente es un personaje de carne y hueso, miembro de la comunidad, culpable de todo lo malo que ocurrió al pueblo en el año; en si, es una recreación anticipada del sábado de gloria, donde también se quema a un "judas" con testamento, letanías y cohetes.
“...en la Plazuela Machado, era un hervidero humano. Por instantes se esperaba la partida del cortejo fúnebre que debería enterrar al Mal Humor, para que no asomara por ninguna parte durante los días consagrados al Dios Momo.
Los que formaban el Tribunal Macabro, convenientemente disfrazados y entre sorbo y sorbo de fino cognac, cobraban valor para enfrentarse con la situación y ensayaban sus tétricos cánticos, en los bajos del Teatro Rubio.
El carro de los demonios que presidía la comitiva, estaba listo y el patíbulo en el cual se encontraba enorme pelele que representaba al fatídico personaje, esperaba a los jueces, al verdugo y al defensor y a los jurados.
A las 8.45 p.m., partió de Machado la comitiva, que llevaba a la cabeza un cuerpo de caballeriza.
En la horca de la que pendía el ajusticiado, leíanse con grandes características las siguientes palabras: <<Ya llegó el momento, recibe el castigo>> (....)Después de recorrer la procesión algunas calles y cuando ya los carros estaban cayéndose a pedazos, terminó el Mal Humor que tanto escozor causara durante el tiempo que vivió y que se había apoderado por completo de los habitantes de la mitotera ciudad”.
(El Demócrata Sinaloense, 3 febrero 1940; p.3, 2da. col. inf., "El Carnaval de 1913 [El Entierro de Mal Humor]")
“...El fúnebre cortejo partió de la Aduana Marítima, recorriendo las principales calles de la población. Más de trescientos vehículos, ocupados por distnguidas familias, seguían el carro en donde marchaba el reo. Frente a la plaza República, como ya dijimos, y después de ser leída la sentencia de muerte, una bomba de dinamita decapitó al criminal, dejándolo sin vida.
Los verdugos, no conformes con haber quitado la vida a un <<ser>> tal vez inocente, entregaron el cuerpo a la muchedumbre que ebria de alegría descuartizó los restos del ajusticiado, mientras que las bandas tocaban los clásicos <<Papaquis>>.
Desde esa hora la alegría más desbordante se desarrolló en la ciudad.
(El Demócrata Sinaloense, 3 marzo 1924; p.1, 1ra. sup., "Se iniciaron de una manera feliz las fiestas de carnestolendas en este bullanguero puerto")
"...Una abigarrada multitud se reunió anoche en el paseo de Olas Altas, con el fin de admirar la incineración del Mal Humor, que como el año próximo pasado, tocó organizar a los Chicos de la Prensa.
De punta a punta nuestra máxima avenida, habitantes mazatlecos y turistas a granel, contemplaron con regocijo la quema del pelele, riendo a mandíbula batiente cuando fue leída la sentencia y el testamento formulado según los cánones, por el personaje que iba a convertirse en cenizas.
Inmediatamente después de la incineración del pelele, la enorme multitud que llenaba de extremo a extremo el hermoso paseo de Olas Altas, presenció un soberbio Combate Naval..."
(El Demócrata Sinaloense, 7 marzo 1943; p.1, 1ra. inf., "La incineración del Mal Humor y el Combate Naval, lucidos números").