

Entre 1887 y 1889 se realizaron obras para dotar de agua suficiente a la población. En 1890, de la culminación de las obras fue informado don Porfirio Díaz, Presidente de México, y se festejó a tambor batiente en las Zaragozanas, el más remoto antecedente del Carnaval de Mazatlán.
Carnaval y progreso también han ido de la mano. Desde 1864, Ignacio Ramírez, el Nigromante, auguraba: 'Mazatlán será magnifico cuando se surta de agua potable; cuando se construyan algunas obras que se opongan a las travesuras de las corrientes atmosféricas y marinas; y cuando se concluyan diques y puentes; cuando los arsenales y otras obras militares salgan de proyectos; cuando se funde en una las cinco o seis colonias que dividen a la ciudad… cuando en lugar de contrabando haya comercio…'
En efecto, a finales del siglo XIX Mazatlán era ya una ciudad con todas las de la ley y para entonces, el puerto - a diferencias de muchas otras ciudades del país - tenía energía eléctrica, agua entubada, y servicio de transporte urbano. Unos años más tarde, en 1908, se tendieron las vías del ferrocarril Sudpacific.
De todo un poco ha habido en los 104 años del Carnaval de Mazatlán. Lo mismo hubo romanos que turcos, vampiresas del cine italiano mudo y alegres mariposillas que dieron al carnaval el toque pagano y de auténtica fiesta de la carne y los sentidos.
Ahora la fiesta también tiene una cara cultural, se celebra la alegría de vivir y del mismo modo el amor y la pasión por las artes: la música, la danza, la narrativa, la poesía y la pintura.