Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Antonio Haas Esponoza de los Monteros

Antonio Haas Espinoza de los Monteros

Escritor, diletante.

 

Carlos Monsiváis, en elogio póstumo retrató a Toño Haas como un hombre dotado de gran “afabilidad, de ironía, de uso cordial de la lucidez, de humor, de aprecio por el arte y por las tradiciones que valen la pena [y señaló] le debemos la certidumbre de su estilo, tan presente en sus conversaciones, sus dones musicales, su casa maravillosa de Mazatlán y su rancho o granja utópica”.

Andrea Cataño Michelena (hija de Margarita Michelena, amiga de Haas), en El Sol de México, en una nota necrológica, cita un escrito de Armando Ortiz  sobre Haas. Allí, el diplomático, pretende establecer un parangón entre William Faulkner y Haas, aportando una descripción natural y precisa del intelectual mazatleco, en estos términos: “como Faulkner, provenía de una distinguida familia y ambos supieron siempre cultivar con pulcritud una actitud ante la vida, de gentileza en la mejor tradición de las aristocracias bucólicas. Era Haas el eterno caballero de refinados modales y fiel a los principios y valores de un mundo perdido entre los rincones de los jardines, que era su orgullo diseñar”.

Efectivamente, las raíces de este intelectual mazatleco lo ubican como descendiente de familias, una de empresarios prusianos, avecindados en Sinaloa desde la primera mitad del siglo XIX, otras, de comerciantes y agricultores sinaloenses de negocios exitosos, de clases acomodadas y políticamente poderosas. La fortuna y la disciplina familiares lo llevaron a estudiar economía en Boston, en la prestigiada Harvard Business School y, gracias al legado paterno, luego pudo dedicarse a escribir y cultivarse para obtener una sólida formación humanista, además de administrar con solvencia sus negocios.

Desarrolló por propia iniciativa muchas facetas a lo largo de su vida, sin prepararse formalmente para ellas y, en casi todas, siempre logró destacar. Fue profesor en la Escuela Preparatoria de Mazatlán, durante los últimos años de la administración de la Sociedad Procultura Regional; fue pintor de la mano de Margarita “la Nana” Ramírez; fue músico por su amistad con Cole Porter y otros; fue director de teatro en la Prepa y de Tandas musicales muy exitosas entre las clases pudientes, tiempo después.

Por otro lado, en su rol de escritor, sin ser propiamente periodista, en el sentido reporteril del término, Haas recibió en 1991 el Premio Nacional de Periodismo, por sus colaboraciones editoriales en el periódico Excélsior y el semanario Siempre; el correspondiente a nivel estatal se le otorgó en 1995, en atención a su trayectoria como columnista en los diarios El Sol del Pacífico, Noroeste y Debate.

En Mazatlán, el 29 de octubre de 1923, nació este singular personaje que dio lustre a la cultura local y que, desde su tribuna a nivel nacional, contribuyó a consolidar algunos ángulos de la visión empresarial sobre políticas públicas culturales, educativas, agrícolas y del sistema de partidos, fundamentalmente. Más allá de las polémicas que pudiera suscitar con sus argumentos y reflexiones sobre “el pase automático” en las universidades u otros temas, su devoción por promover lo mejor de México hacia el extranjero, desde su perspectiva, es evidente en los libros, “Mexico”, con cuyos textos ilustran las fotografías de Albano Guatti, y “Gardens of Mexico” con fotografías de Nicolás Sapieha. Ello se nota no sólo en “la elegante e impecable prosa en inglés”, sino, sobre todo, en el hecho de que se trata de libros de arte o de mesa (como también les dicen), “pulidos hasta el mínimo detalle”.

Como promotor cultural, Haas se destacó por su impulso a las bellas artes en Mazatlán y en Sinaloa. Él no lo contó, pero Cataño Michelena retomó una anécdota familiar del escritor que viste de cuerpo entero el origen de ese afán por inculcar y divulgar las novedades artísticas en el puerto: “Recién llegado a Mazatlán de sus estudios en Harvard, contrató un camión en cuya caja de carga instaló un piano y se fue a recorrer el malecón del puerto tocando jazz. A todo aquel que se le acercaba para inquirir qué eran aquellos extraños sonidos, le compartía el entusiasmo por la síncopa”. Aunque hay quienes señalan que, en realidad, esa es una versión edulcorada de la verdadera acción que emprendió a su regreso de los EEUU, pues se dice que en realidad lo que hizo fue comprar y administrar una cantina, en la que instaló su piano de cola, donde ponía en práctica sus aficiones jazzísticas. 

Con ese talante innovador se dio a la tarea de modernizar los Juegos Florales de Mazatlán, empezó a montar las ceremonias de coronación y entrega de “la flor natural” con aires más teatrales que los típicos eventos protocolarios, similares a los civiles y escolares que hasta entonces se acostumbraban. También convenció a Rodolfo Álvarez Fárber y a Raúl Rico Mendiola, entre otros, para dejar atrás el certamen de poesía y sustituirlo por el Premio Mazatlán de Literatura de alcances nacionales. Sólo por un breve periodo se impuso su idea de omitir la celebración del concurso poético; luego, aceptó la convivencia entre ambos galardones en la misma ceremonia. Más tarde, el fracaso del premio a Carlos Fuentes en 1972, puso en riesgo la sobrevivencia del Mazatlán de Literatura, logró rescatarlo once años después, con ayuda de Raúl Rico González. También quiso marginar “su premio” del carnaval; pero, otorgarlo fuera de la fiesta y a un escritor casi desconocido, demeritó su intensión y tuvo que admitir su reincorporación inmediata como parte del programa cultural  de las carnestolendas.

Haas jugó un papel destacado en el Festival Cultural Sinaloa de tiempos de Francisco Labastida como gobernador. Ahí tuvo ocasión de lucirse como Director de Escena de un par de óperas, claro. En esa misma época crea, a modo, una Sociedad de Amigos del Teatro Ángela Peralta para obtener la concesión de la operación de dicho teatro durante diez años, en nombre del apoyo que otorgó a la remodelación del mismo y de su preocupación por evitar que se hiciera uso inadecuado del recinto. La creación del Colegio de Sinaloa, por esos mismos días del gobierno de Francisco Labastida, dio a Haas la oportunidad de ser consejero fundador y de conseguir una plataforma importante para el despliegue de su vocación intelectual.

Intentó, sin éxito, integrar una asociación vinculada al proyecto de recuperación del Centro Histórico de la Ciudad. Pero, el fracaso no menoscabó su determinación de respaldar la renovación del viejo Mazatlán. Muchos de sus espacios semanales de colaboración en la televisión local, a lo largo de la década final del siglo pasado y durante algunos años del presente, los dedicó a propulsar los proyectos gubernamentales  a favor de esa zona citadina y de las actividades ligadas a la bellas artes que se presentaban en el Teatro.

Ya enfermo este diletante mazatleco se sumó a la iniciativa de otorgar incentivos a las nuevas generaciones de cantantes de ópera. Tras su fallecimiento, El Colegio de Sinaloa, bajo el nombre de Haas, otorga un premio, dentro del Concurso Internacional de Canto Sinaloa convocado por el Instituto Sinaloense de Cultura, al más destacado de los participantes sinaloenses en dicha competencia operística.

Su muerte ocurrió el 14 de octubre de 2007. Actualmente, su casa está siendo remodelada para servir de recinto al Museo del Carnaval, de acuerdo con el proyecto que está desarrollando la Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado, con el apoyo del gobierno municipal.

 

(Nota al margen: Antonio Haas fue propietario de plantaciones de aguacates, en su rancho de Teacapán y en Culiacán, pero ni es el responsable de la denominación de una variedad de dicho fruto ni su familia está ligada a ese nombre, como se ha dicho por ahí algunas veces. Es más la asociación que algunos realizan respecto a tal circunstancia es producto de un error que el propio Toño deploraba en la escritura de su apellido de origen alemán con respecto a otro de ascendencia norteamericana. El aguacate es Hass, no Haas, nótese la diferencia).

 
 
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