Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Héctor Díaz Valdez

Héctor Díaz Valdez

Cronista de sociales, organizador de Carnavales y de concursos de belleza.

 

            Hay anécdotas que marcan, dicen. Héctor Díaz contaba que la suya había acontecido en 1936, cuando su madre lo llevó de visita a la casa de la familia Boner, cuya hija era la reina del carnaval de ese año; cuando llegaron Adela Boner estaba ataviada con su traje real y lo tomó en sus brazos y le hizo cariños. Él quedó tan impresionado que toda su vida quiso estar envuelto en las fiestas que aquella mujer representaba y cerca de los atavíos que portaba.        

Durante 20 años Héctor Díaz dirigió la organización de los carnavales porteños. Desde 1968 y hasta 1989 estuvo encargado, casi de manera ininterrumpida de las tareas de dirección de la máxima fiesta mazatleca, sólo en 1982 y 1987 no encabezó la organización. Su presencia en las fiestas corresponde a aquella en la que se logra la internacionalización de los carnavales. Si de algo se jactaba era precisamente de  haberlo logrado. Su carrera al frente había iniciado con el apoyo de Bernardo Sánchez Osuna, al parecer familiar suyo, quien siendo Presidente Municipal logró colocarlo al frente de las fiestas durante el último año de su gestión administrativa.

Díaz había nacido en 1933 en Concordia, Sinaloa. Si atendemos a la fecha de la anécdota fundacional de su pasión por las fiestas y los reinados, desde muy pequeño vivió en Mazatlán. No tuvo oportunidad de realizar estudios superiores. Al parecer su primer empleo lo obtuvo en un vivero donde, además de encargarse del cuidado de las plantas, empezó a realizar arreglos florales. Luego fue contratado como decorador de escaparates. Más tarde sería promotor de bailes en el Club Deportivo Muralla. Finalmente sería dueño de su propia tienda de decoraciones y arreglos florales.

Como carnavalero de corazón que era, cada año se incorporaba al comité de alguna de las candidatas a reina del carnaval. Cuentan que en esa calidad de promotor de aspirantes al reinado tuvo éxito, pues la mayoría de las muchachas a las que apoyó lograron la corona. Incursionó también en un pequeño grupo de teatro de aficionados que se reunía en la Escuela Morelos. Con esos rudimentos pudo organizar y participar exitosamente en comparsas bailables y carros alegóricos para los desfiles de carnaval. De manera natural, debido a los ámbitos en que se desenvolvía y las relaciones públicas que acrecentaba, pudo desarrollar una importante carrera como cronista de eventos sociales y por supuesto como columnista promotor de carnavales. El Sol del Pacífico fue el primero en publicar sus notas y columnas.

Héctor Díaz, de la mano con Rigo Lewis y sus vistosas carrozas, sacó al carnaval de Mazatlán del nivel de una fiesta regional, gracias a su acercamiento con el productor y conductor de televisión Raúl Velasco. Díaz Valdés consagró sus logros, en la organización de los carnavales, a su transmisión por televisión y para dejar huella del cambio que ello significó, nombró a la fiesta “Carnaval Internacional de Mazatlán” en conmemoración de ese paso. Desde entonces, se forjó la convicción chovinista de que nuestro carnaval figura entre los más conocidos del mundo.

Eran los tiempos en que el turismo arraigaba sus intereses en Mazatlán y, bajo un régimen autoritario como el que se vivía entonces, los costos de los carnavales no resultaban asunto relevante, sobre todo si se justificaban con la finalidad de consolidar al puerto como destino turístico de clase mundial.

Con Velasco le llegó otra oportunidad a Héctor Díaz, la de organizar concursos de belleza a lo grande. En 1970, con el triunfo en el concurso Señorita México de Libia Zulema López Montemayor, a quien había traído desde Guasave para reinar en el carnaval porteño, se inició la temporada de auge de este tipo de certámenes. Héctor Díaz no sólo lo aplicó para la selección de reinas carnavaleras sino que lo extendió a todo Sinaloa con la promoción del concurso para nombrar a la representante local en el evento nacional. Varias veces se replicó el triunfo de una sinaloense bajo su batuta, lo que se convirtió en signo de orgullo estatal.

Al finalizar la década de los ochenta del siglo pasado concluyó el paso por la organización de las fiestas de “Mr. Carnaval”, como también le llegaron a apodar. Héctor Díaz murió en 1997 y, por primera vez, se escuchó el himno carnavalero “Los papaquis” en una ceremonia funeral en nuestro puerto.  

 
 
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