Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
ARTHUR DE CIMA.

ARTHUR DE CIMA.

Empresario

 

En 1905, el Ayuntamiento porteño le otorgó a Arthur de Cima, la concesión para construir y explotar una vía férrea para comunicar a la ciudad con el nuevo panteón que estaba en proceso de construcción. Desde finales del siglo XIX, este exitoso empresario mazatleco había solicitado diversas concesiones para montar empresas de transporte público por vía férrea. Antes de la conseguida en el año referido, había propuesto instalar un tranvía eléctrico urbano, que complementara y eventualmente sustituyera al que, tirado por mulas, prestaba servicio desde 1875, en la ruta entre los muelles y el astillero. Más tarde, De Cima promovió, sin resultados, un ferrocarril que fuera de Mazatlán a El Castillo.

Según las notas biográficas que preparó Arturo De Cima Azcona y que ha publicado en la página www.euskalnet.net, Arthur De Cima León nació en San Francisco, California en 1869; era hijo de Juan Cima, de origen asturiano, comerciante y minero, avecindado en este puerto por lo menos desde mediados  del siglo XIX. Arthur de Cima, fue un inversionista audaz y visionario. Inicialmente se destacó como agente de máquinas motoras de gasolina. Más tarde incursionó en la competencia por la prestación del servicio de energía eléctrica de la ciudad, en una disputa que finalmente ganó frente a sus contrincantes. Al principio, cuenta Eduardo Frías Sarmiento, en su texto “Empresas y alumbrado eléctrico en Mazatlán”, De Cima apenas si se pudo colarse para “prestar el servicio al Ayuntamiento cuando la compañía [de Gas, Luz Eléctrica, Carros Urbanos y Hielo, de Jesús G. Escobar] no lo hacía por causas de fuerza mayor; pero consiguió contratos con algunas empresas y casa de comercio. Cómo en el primer año de servicio la empresa de De Cima mostró un funcionamiento más eficaz que su competencia, pues sólo tuvo una falla en ese periodo, a decir de Frías Sarmiento, que rápidamente sumó alrededor de trescientos contratos.

Pero, no sólo arriesgó sus recursos en novedades como la electricidad; pues, sin ser pionero localmente en el ramo, se convirtió en el restaurador de  la central y las líneas telefónicas que un norteamericano de nombre H. Allen había instalado en 1882 y abandonado pocos meses después. De esta suerte, quince años después, De Cima puso a funcionar con excelentes resultados una nueva empresa de teléfonos.

Para 1905, De Cima coronó su esfuerzo empresarial al adquirir las acciones de su principal competidor. De Cima integró, entonces, la Empresa de Alumbrado Eléctrico y Teléfonos de Mazatlán. En esa transacción, se hizo del ferrocarril urbano y la fábrica de hielo y se convirtió en propietario del teatro Tívoli Mazatleco, que estaba ubicado por la calle Constitución en la esquina sur-poniente con la calle Casamata (hoy Francisco Villa). También fue socio en la Compañía Tabacalera del Pacífico. Además, De Cima fue cónsul en el puerto de su país natal los EEUU, de Colombia y de Chile, en periodos diversos.Todo lo cual lo presenta como uno de los más influyentes hombres de negocios en el puerto en aquellas épocas. De Cima mantuvo la empresa eléctrica bajo su dominio hasta 1927. En cambio la concesión del tranvía que había obtenido por cincuenta años fue cancelada en 1917, porque las condiciones propiciadas por la revolución la habían vuelto incosteable. Arthur de Cima León murió el 12 de diciembre de 1930.

 
 
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