Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Alejandro Loubet Guzmán

Alejandro Loubet Guzmán

Ingeniero innovador.

 

La magnitud de las aportaciones de Alejandro Loubet Guzmán, las sintetiza el Dr. Miguel Ángel Avilés Galán, de la Universidad Británica de Columbia, en Canadá, en su Tesis Doctoral titulada “A todo vapor: la mecanización en el México porfirista. El poder del vapor y la construcción de máquinas, 1862 a 1906”, al calificar a este ilustre ingeniero y empresario mazatleco como “uno de los actores claves en los procesos de adaptación tecnológica de la ingeniería de vapor en México. Incluso, ese académico señala el rol relevante que tuvo la Fundición de Sinaloa, bajo la dirección de Loubet, como ejemplo único en México en materia de “innovaciones en tecnología de vapor”, pues es el único caso de “una empresa mexicana que copió exitosamente modelos convencionales de motores y calderas de vapor y que los fabricó a escala industrial, además de producir herramientas y hacer fundición de metales para los componentes de las maquinarias que diseñaba”.

Loubet Guzmán nació en Mazatlán en 1858, aquí realizó sus primeros estudios y se graduó en la Escuela de Artes y Oficios en Angiers, Francia, entre 1874 y 1877 con diploma de “gadartz”, dice Avilés, y realizó “trabajos de especialización en la Bulton Iron Works, de San Francisco, que en esos tiempos era una de las fundiciones más importantes del oeste de los EEUU”, apuntó Oses Cole. De esta manera Loubet representa, como nadie en el México porfirista, las ventajas de la transferencia de tecnología a nivel internacional, asegura Avilés, pues llega a dominar los conocimientos tanto de la ingeniería francesa como de la norteamericana, llegando a desarrollar extraordinarias habilidades para la reparación construcción de todo tipo de máquinas a vapor, por esa singular combinación de conocimientos teóricos y prácticos que alcanzó este ingeniero porteño.

La Fundición de Sinaloa fue, en su tiempo una de las empresas más grandes del estado en el ramo de la industria de la transformación, en gran parte gracias al saber aplicado por Loubet Guzmán y que fue bien aprovechado por sus socios Redo, Echeguren y otros. Pero el Ing. Loubet no sólo estuvo ligado a la Fundición, también participó como socio en otras empresas de importancia para Mazatlán como la Empresa Abastecedora de Agua y de la Cervecería del Pacífico. También incursionó en negocios de minería en Cosalá y El Rosario; en la rivera del Río Presidio incursionó en actividades agrícolas con ranchos en Chicuras, Escamillas, Aguacaliente de Gárate y El Walamo.

La aportación más popular que realizó Loubet Guzmán a Mazatlán es sin duda el diseño y construcción del Mercado Municipal Manuel Romero Rubio (hoy José María Pino Suárez). Aunque dicha autoría le es negada en las versiones populares debido a la leyenda que atribuye dicho edificio a Gustavo Eiffel. La referencia obligada respecto a que la técnica de fierro fundido que se aplicó en el mercado es la misma que se utilizó en la construcción de la torre parisina, ha influido en la difusión de esa versión equívocada.

Arturo Carrillo Rojas, en su ensayo “Alejandro Loubet y la industria de la fundición en Mazatlán, concluye que este talentoso ingeniero mazatleco “fue, en muchos sentidos, el prototipo de los nuevos empresarios mazatlecos que durante toda su vida productiva vivieron y trabajaron en el puerto, ahí formaron sus primeros capitales, los invirtieron en diversas actividades, arriesgaron su patrimonio y se asociaron con otros inversionistas para construir grandes empresas que pudieran competir no sólo local sino regionalmente. La importancia de Mazatlán en esa época no sólo se debió a su crecimiento comercial y marítimo, sino a los hombres que, como Alejandro Loubet, con su actividad industrial, minera y agrícola hicieron sustentable dicho crecimiento”.

 
 
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