Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Heinrich Christian Hermann Evers

Heinrich Christian Hermann Evers

Empresario, filántropo.

           

La vida de Evers en Mazatlán está ligada a la de la Casa Melchers. En 1884 llegó al puerto como parte del personal directivo de esa compañía de origen alemán y de acuerdo a lo que la propia casa comercial difundió en el folleto conmemorativo, con el que celebró setenta y cinco años de funcionar en Mazatlán, el señor Evers fue enviado directamente a ocupar la dirección de la Fábrica La Bahía, misma que asumió desde su arribo a la ciudad; y, del mismo documento se deduce que este empresario y filántropo permaneció en ese puesto hasta el cierre de la empresa textil en 1905, para, en adelante, encargarse del manejo de los intereses inmobiliarios de los Melchers en la región, hasta su muerte.

Se llamaba oficialmente Heinrich Christian Hermann Evers, pero aquí se convirtió en Germán Evers. Había nacido en Beerkeem S. Peire, Hannover,  Alemania, el 9 de noviembre de 1848. Sin embargo, el 4 de mayo de 1928 recibió la documentación que lo acreditaba como mexicano por naturalización, firmada por el entonces Subsecretario de Relaciones Exteriores, encargado del despacho, el mazatleco Genaro Estrada. Llegó a nuestras playas a los 36 años de edad y aquí decidió quedarse hasta su muerte, la cual ocurrió el 28 de septiembre de 1930.

 A Evers se le debe recordar como hombre de empresa mazatleco, pues mantuvo hasta el límite una fábrica, cuya modernización en su tiempo no sólo operó en el terreno técnico, sino también en el de las relaciones laborales con sus empleados. El equipamiento que Evers propició con su excelente manejo del negocio, convirtió a esta fábrica de hilados y tejidos de algodón en una de las más importantes de la región. Llegó a contar con 35 telares y 960 máquinas de hilar en los cuales se confeccionaban trece mil piezas al año en promedio, consistentes en varias clases de mantas y de driles, dos mil de rayadas azules hilos y de lana; además se consigna la producción de algo de pabilo y cordón. Todo se distribuía en el mercado regional, principalmente en Sinaloa, pero los productos de “La Bahía” también tenían aceptación en Baja California, Chihuahua, Nayarit y Colima.

En su momento de auge, se estima que el capital invertido en la fábrica era de treinta mil pesos y contribuía a las finanzas estatales con el pago de tres mil pesos anuales en impuestos. Esta industria local consumía hacia 1895 un promedio de mil doscientos quintales de algodón al año. Utilizaba combustible orgánico, por el cual pagaba poco más de dos mil quinientos pesos anuales, pues requería alrededor de quinientas cuerdas de leña al año, de ciento veinte pies cúbicos cada una, cuyo precio era de cinco pesos por cuerda.

La fábrica La Bahía, bajo la dirección de Evers, ocupaba hasta 125 trabajadores, de ellos setenta a setenta y cinco eran permanentes. De acuerdo con datos proporcionados por la propia empresa al gobierno estatal en 1895, tenía contratados a cuarenta hombres, quince mujeres y veinte niños. Los salarios que se cubrían a los operarios eran diferenciados por edad, sexo y calificación laboral. De esta manera, los obreros varones ganaban entre sesenta y dos centavos y un peso cincuenta centavos diarios; la paga diaria de las obreras fluctuaba entre cuarenta y cuatro centavos y cincuenta y seis centavos; para los niños el sueldo estaba ubicado de veinticinco a treinta y siete centavos por jornada. Los obreros calificados (“los maestros”) recibían un jornal de dos pesos con cincuenta centavos. Adicionalmente, hay evidencias de que esta empresa brindaba prestaciones poco usuales, en su tiempo, a sus empleados, como proporcionarles casas y sostener una escuela nocturna.

A finales del siglo, cuando la presencia de la fábrica empezaba a declinar, Evers y otros alemanes avecindados en Mazatlán, buscaron una alternativa para invertir en otros negocios productivos. Como resultado de esa unión nació la Cervecería del Pacífico. Con ello, la fortuna de Evers se incrementó. Como hombre de empresa con visión social, siempre se contaba con él para la realización de obras para la ciudad, pero sobre todo para aquellas de beneficencia. Entre ellas destaca la donación del terreno para que el Comité de Damas encabezado por Romana de la Peña construyera el Orfanatorio de Mazatlán.

Como legado, en su testamente Evers donó a Mazatlán una parte importante de la fortuna que forjó en su vida, distribuida de la siguiente manera: 25% al Orfanatorio Mazatlán, 10% al Hospital Civil, para la construcción de un área nueva, 10% a benefició de la ciudad para un parque infantil; 6% para el Asilo  y, 6% a la sociedad de caridad de "San Vicente Paul". Además heredó  6 mil pesos oro nacional a la señora Antonia Ochoa, su asistente de muchos años, mil pesos oro a Victorio Navarro quien le sirvió por 8 años y a los demás empleados domésticos los gratificó con 50 pesos por cada año de servicio. El Ayuntamiento de Mazatlán a través de una especie de fideicomiso, que se llamó por años Legado Evers, se hizo cargo del manejo de los recursos etiquetados para cada una de las obras que este empresario quiso beneficiar.  

El Legado Evers se estableció en 1932 cuando se recibieron 6 mil 612 dólares que ordenó el juez de San Francisco California se hicieran entrega al Ayuntamiento de Mazatlán, por lo correspondiente a la cláusula décimo tercera del testamento del empresario de origen alemán. La cantidad que fue depositada en el Banco Mazatlán, luego de su conversión a moneda nacional, fue de 24 mil 962 pesos, según informó al cabildo el Tesorero de la Junta administradora de dicho Legado. De acuerdo con lo señalado en el acta respectiva ese fue el primero de los depósitos que se esperaban recibir.

Con ese donativo, como expresión típica de la desconfianza social respecto a los gobernantes locales, nació a leyenda de las acciones de la Cervecería del Pacífico que Evers le heredó a Mazatlán, que cuentan estuvieron en poder del cabildo y que dicen se malvendieron en algún momento no precisado, para beneficio de unos cuantos y no de la ciudad, a la que Evers quiso seguir apoyando después de muerto.

 
 
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