Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Julio Berdegué Aznar

Julio Berdegué Aznar

Empresario

 

No sólo durante el siglo XIX se dieron los casos de hombres de empresa de origen extranjero que se asentaron en Mazatlán y acrecentaron sus fortunas. Julio Berdegué Aznar es el caso paradigmático en nuestro puerto en el Siglo XX. A diferencia de la mayoría de aquellos que llegaron el siglo antepasado, Berdegué hizo aquí su fortuna e invirtió buena parte de ella. Al igual que muy pocos del pasado decimonónico, se arraigo y se volvió mazatleco.

 Nació en Madrid en 1931 en una España convulsionada por la euforia republicana que desembocaría ocho años después en el Guerra Civil Española. La confrontación provoca la migración de la familia Berdegué, quienes llegan a México en 1939. Julio se forma en el DF. Ahí estudia Biología en el Instituto Politécnico Nacional. Sus primero años después de graduado los dedica a su desarrollo profesional. Francisco Giral, en su libro “La ciencia española en el exilio”, lo ubica como discípulo de Cándido Bolívar, un notable biólogo español también exiliado en México, y señala que Berdegué además de su tesis profesional, desarrolló, al menos, un par de investigaciones científicas entre 1956 y 1957, una sobre La foca fina, el elefante marino y la ballena gris en Baja California y el problema de su conservación y la otra titulada Último censo de la ballena gris en aguas de Baja California.  Luego, dice, Julio Berdegué “se dedicó a la industrialización y la comercialización de la pesca en gran escala…”

 Efectivamente, durante casi 20 años, desde los años sesenta hasta finales de los setenta del siglo anterior, Berdegué trabajó en el sector pesquero, primero como biólogo en Escuinapa, hasta concluir como propietario de la flotas camaronera más grande del Pacífico, según lo presume todavía la página oficial de sus negocios. Ariel Noriega, en una biografía póstuma señala al respecto: “Con Mariscos Tropicales, Pesquera Dolores y Tropical Marine, don Julio conformó uno de los principales complejos pesqueros de la época con barcos camaroneros, congeladoras, camiones refrigerados y distribuidores en Estados Unidos y Japón”.

La venta en condiciones aparentemente muy ventajosas de la flota camaronera al gobierno mexicano dio pie a que Berdegué se convirtiera en uno de los principales desarrolladores turísticos y urbanísticos en Mazatlán. La implementación de las ideas contempladas en el proyecto de “El Cid Resort” no sólo constituye un hito empresarial en materia turística e inmobiliaria en el puerto; su cristalización también es altamente significativa en la perspectiva urbanística del puerto. ¿Cuántas áreas residenciales de hoy no son sino pequeñas copias del modelo instaurado en los terrenos de Berdegué? Él no fue el inventor de ese tipo de “fraccionamientos”; pero su defensa indeclinable de las bardas de su predio, lo convierte, aquí, en precursor de los cotos cerrados de viviendas de moda en este inicio del siglo XXI, gracias a la sensación de mayor bienestar que proveen, entre otras cosas por la “privacía colectiva” y la “seguridad” de sus tapias y casetas de vigilancia.

En el turismo, Berdegué fue un defensor a ultranza de Mazatlán como destino desarrollado por empresas familiares, obstaculizando la llegada de las llamadas “cadenas” hoteleras e, inicialmente, tratando de impedir la oferta de los denominados “tiempos compartidos”.

Julio Berdegué murió en Mazatlán el 21 de abril de 2007, siendo uno de los hombres más influyentes en la vida social, económica y política de nuestra comunidad.

 
 
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