Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Genaro Estrada Félix

Genaro Estrada Félix

Intelectual y político

 

Genaro Estrada es el mazatleco más ilustre de la historia local. Su mérito más renombrado fue darle a la diplomacia internacional una doctrina fundamental que lleva su nombre. La llamada Doctrina Estrada que alcanzó el grado de norma universal de la ONU para garantizar el respeto de sus respectivas soberanías entre los países del orbe; y, aunque fue propuesta desde 1930, todavía mantiene vigencia como una de las escasas políticas de Estado, en México, para orientar la conducta del gobierno en sus relaciones con las demás naciones del mundo.

Genaro Estrada Félix nació en Mazatlán el 2 de junio de 1887 y murió en la ciudad de México el 29 de septiembre de 1937. Fue hijo de concepción Félix Osuna, de La Noria y, postmortem de Genaro Estrada y Haro, zacatecano. Fue periodista, novelista, poeta, crítico literario, catedrático, burócrata y diplomático. Su tumba se localiza en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores en la capital del país.

Aunque vivió muy poco tiempo en Mazatlán, siempre se ostentó orgullosamente mazatleco. Él mismo recuerda, en cartas a sus amigos, los frecuentes viajes que hacía al puerto, en su infancia y juventud, desde El Rosario y Culiacán, donde radicaba antes de vivir en la Ciudad de México. Sus biógrafos nos informan de continuos viajes a Mazatlán ya en plena madurez y en ejercicio de puestos políticos de alta jerarquía burocrática. Dicen también que Estrada llevó a nuestro puerto por el mundo en sus charlas. Incluso hay referencias a estas playas en sus poemas y escritos literarios.

Poeta y novelista

Desde muy joven mostró una gran inclinación por las letras. En el colegio Civil Rosales, donde cursó el bachillerato, obtuvo algunos primeros lugares en concursos literarios. En 1906, a los 19 años de edad, ganó la flor natural de los primeros Juegos Florales de Mazatlán con el poema “Canto a Rosales”. Don Genaro nos legó un buen número de ensayos sobre temas literarios, diplomáticos e históricos. Escribió también cuatro libros de poemas. Su única novela, Pero Galin, fue calificada por don Alfonso Reyes como “uno de los libros más mexicanos que se hayan escrito”.

Periodista y editor

Antes de todo, Genaro Estrada fue un amante inquebrantable de la letra impresa. Se inició en el periodismo, en Culiacán, trabajando para la imprenta de Faustino Díaz, donde se editaba El Monitor Sinaloense, del que llegó a ser jefe de redacción. En 1911 dirigió el mazatleco Diario del Pacifico. Poco después se traslada a la ciudad de México donde continúa ejerciendo sus actividades periodísticas en los informativos. El Imparcial y El Mañana. Desde la redacción de esos periódicos, Estrada combatió al gobierno maderista. Fue corresponsal de guerra en el estado de Morelos, bajo el seudónimo de Lápiz Tinta, escribió una serie de artículos titulados Zapatadas. Exiliado a la derrota del huertismo, trabajó para “El Diario” de los Ángeles, California.

Ya cuando era toda una personalidad en el mundo de las letras colaboró en El Universal, en México, en El Sol de Madrid y en La Nación de Buenos Aires. Era un incansable promotor de revistas literarias (entre ellas la famosa Contemporáneos), algunas de las cuales publicaron artículos suyos. Durante su estancia en la Secretaría de Relaciones Exteriores dio un gran impulso a la investigación histórica de Sinaloa y a la difusión de nuestras letras en el extranjero.

Político y diplomático

Indudablemente Estrada fue un político hábil. Lo demostró con su permanencia en la estructura burocrática, en puestos de alto nivel, durante una época de cambios continuos de mando. Además de superar un origen poco grato a los revolucionarios, se forjó un lugar hasta convertirse en uno de los principales colaboradores de cuatro presidentes: Obregón, Calles, Portes Gil y Ortiz Rubio.

Hizo sus pininos políticos junto a los sinaloenses que apoyaban las aspiraciones futuristas del general Bernardo Reyes dentro del gabinete porfirista. El “reyismo” lleva a don Genaro a ocupar una regiduría del ayuntamiento de Culiacán en el periodo de la asonada —encabezada  inicialmente por Reyes—  y que terminó con el encumbramiento de Victoriano Huerta, tras el asesinato de Madero. Luego de esa actuación se exilió voluntariamente, alrededor de dos años, en los EE.UU.

A su regreso en 1913, con el apoyo del poeta Enrique  González Martínez, ocupó la Secretaria de la Escuela Nacional Preparatoria, donde también fue profesor de gramática y empezó a tejer sus relaciones con la intelectualidad de su tiempo. Luego de ejercer la cátedra de Historia en la Universidad Nacional, se incorporó al gobierno carrancista en 1917. Ingresó a la Secretaria de Industria, Comercio y Trabajo, donde fundó y organizó la oficina de publicaciones  En 1920 fue designado jefe de Departamento de Industria. Como tal, a la huida de Carranza rumbo a Veracruz, perseguido por el obregonismo, Estrada se encargó de entregar el Ministerio al nuevo gobierno y, como dicen ahora, ligó chamba. En 1921 fue jefe de la comisión comercial que representó a México en la Feria de Milán y desempeñó una misión de la misma Secretaria. En noviembre de ese año pasó, como oficial mayor, a la Secretaria de Relaciones Exteriores, de la que llegó a ser Subsecretario encargado del despacho y Secretario, embajador (delegado mexicano a la Asamblea Constitutiva de la Liga de las Naciones, y representante plenipotenciario de la nación ante los gobiernos de España, Portugal y Turquía).

El gordo

Quienes lo conocieron, califican a Estrada como gran mexicano de su época. Erudito, alegre y bondadoso, describen al “gordo” mazatleco que supo ganarse la amistad del general Obregón, quien, a pesar de saber que Estrada había servido en Sinaloa al gobierno del usurpador Huerta, no dudó en incorporarlo a su propio gabinete.

Don Genaro era un gran charlista y solía amenizar sus pláticas con anécdotas y vivencias mazatlecas, según cuenta el poeta Jorge Cuesta. “Genaro Estrada narraba –escribió Cuesta- que pasó por Mazatlán un tenor que tenia un defecto, el no poder alcanzar el do de pecho, que como se sabe es todo el arte del tenor. Por lo tanto este virtuoso corría grandes riesgos ante el exigente público del puerto. Pero imaginó una estratagema para salvarse: cada vez que el do de pecho se acercaba suspendía el canto y gritaba ¡Viva Mazatlán! El aplauso venía igual que si hubiera alcanzado el do de pecho y el público lo consagró como un gran tenor”.

El once de enero de 1931, Genaro Estrada, en su calidad de Secretario de Relaciones Exteriores, estuvo en Mazatlán y fue declarado Huésped de honor de la ciudad, lo mismo que el Secretario de Gobernación Carlos Riva Palacio, quien llegó días después a ésta.

La fama y el olvido

La trascendencia de Genaro Estrada no radica en su labor ni en su habilidad política, tampoco en su carrera diplomática o en su don de gentes; nuestro distinguido paisano es más famoso por la llamada Doctrina Estrada, que alcanzó el grado de precepto fundamental de la ONU para el mantenimiento de la conducta entre los países del orbe, ha regido desde 1930 las relaciones internacionales de México, ni la alternancia, ni la penosa regla foxista del “comes y te vas”, han logrado sustituirla como política de estado, aunque, de repente circunstancias inéditas la hacen lucir un tanto cuanto anacrónica, como en el caso reciente de Honduras.

El mazatleco más ilustre, que dio al mundo de la diplomacia una doctrina fundamental, que paseó por el orbe las imágenes y anecdotarios locales en sus charlas y en sus poemas, tiene en su tierra natal una calle con su nombre, céntrica pero estrecha, anteriormente llamada Febo y, también, un monumento itinerante (pues ha cambiado tres veces de ubicación y la más reciente no ha convencido a muchos como para considerarla definitiva). Sin embargo, hasta hace algunos años, cada vez que se mencionaba el nombre de Genaro Estrada, los porteños comunes lo más que atinaban a hacer era apostillar apresuradamente, “antes Febo”.

 
 
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