Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Alejandro Quijano Sánchez.

Alejandro Quijano Sánchez.

Abogado y humanista.


En 1939, invitado como Mantenedor de los Juegos Florales, Alejandro Quijano, en su discurso confesó: “He aquí cómo, muy doblado ya mi Cabo de la Buena Esperanza, vengo hoy por primera vez desde que de aquí saliera en los primeros años, casi en los primeros días de mi vida a esta tierra y a este mar míos, a este puerto donde mis ojos conocieron la luz… Azares distintos me desviaron cien veces el camino que parecía ya traerme a quemar de nuevo mi frente bajo el resol de esta costa…”  Sin embargo, a su muerte, en 1957, se le reconoce, como “mazatleco de origen, [que] trajo desde niño a la capital, con el recuerdo de la luminosidad del cielo porteño, el carácter franco y sincero de la gente del mar”, según lo sostuvo Luis Garrido en una nota póstuma.

Efectivamente, “este distinguido humanista sinaloense; hombre de vasta cultura, [que] dedicó la mayor parte de su vida a la docencia, la literatura, el periodismo y la beneficencia pública, [que] realizó una valiosa labor para el desarrollo de la cultura de la sociedad nacional e internacional”, como lo calificó Gilberto López Alanís, había nacido en Mazatlán el 5 de enero de 1883.

De acuerdo con los datos que López Alanís reunió en una amplia semblanza publicada por el Archivo General del Estado de Sinaloa, Quijano “fue hijo del ingeniero de ferrocarriles Fiacro Quijano y de Cleotilde Sánchez”. Aquí estudió hasta segundo de primaria, antes del traslado de su familia a la ciudad de México en 1891. Allí se preparó como profesor en la Escuela Normal y más tarde como abogado en la Escuela de Jurisprudencia de la Universidad Nacional.

Fue Catedrático en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Jurisprudencia, de la que fue su Director de 1920 a 1922. Dedicó buena parte de su vida a la Cruz Roja Mexicana, de la que fue su Presidente Nacional entre 1932 y 1956. Igualmente, destacó, primero, como miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y luego como Presidente vitalicio a partir de 1939. Además, durante veinte años fue presidente del Consejo de la Orquesta Sinfónica Nacional. También fue director de los periódicos Novedades y The News.

De él Isidro Fabela aseguró: “La caridad era su musa; la esperanza su consuelo; la fe su fuerza. En su pensamiento cabía la astucia pero nunca la maldad… Era un hablista refinado y un virtuoso del lenguaje, el que manejaba con maestría académica basada en el léxico nutrido y en el perfecto cumplimiento de las reglas gramaticales que enseñó durante muchos años como un ilustrado y celoso conservador de la prístina pureza del idioma castellano”.

 
 
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