Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Rafael Buelna

Rafael Buelna

General Revolucionario

Enrique Vega Ayala

Cronista Oficial de Mazatlán

 

Rafael Buelna Tenorio encarna en el imaginario popular la figura del “joven rebelde” que se incorporó al movimiento armado de 1910-1917. Sin embargo, Buelna era parte de la juventud ilustrada sinaloense; por su biografía no era el prototipo de la muchachada típica que sostuvo la lucha revolucionaria en ese periodo histórico. “El Granito de Oro”, como le apodaban en su casa, nació en Mocorito, Sinaloa el 23 de mayo de 1891. Era hijo de una familia acomodada, lo que le permitió concluir sus grados escolares básico y medio sin ninguna traba y acceder a los estudios superiores en el Colegio Civil de Rosales. Desde muy joven, además, producto de la formación educativa que recibió y de sus dotes personales, pudo llegar a colaborar con el periódico sinaloense más importantes de la época El Correo de la Tarde, donde le publicaban poesías y narraciones.

El contacto con ese círculo periodístico lo llevó en 1909 a convertirse en activista prosélito de la candidatura de José Ferrel al gobierno del Estado, frente a la de Diego Redo, quien representaba los intereses más rancios de la clase política enquistada en el poder con Porfirio Díaz. Su devoción hacia la causa ferrelista lo llevó a convertirse en su promotor principal dentro de las aulas y el internado del Colegio Rosales. “Era un orador eficaz, muy conmovedor. Sus expresiones poseían fuerza y decisión”, comenta José C. Valadés en su libro de memorias “Mis confesiones”. El ejercicio de ese liderazgo enfrentó a Buelna con las autoridades escolares, quienes le aplicaron las medidas disciplinarias correspondientes hasta expulsarlo del colegio. Eso no minó su determinación y, por el contrario, intensificó su participación en la campaña de su candidato, trasladándose a Mazatlán, centro promotor estatal de la misma. Francisco Valadés, propietario del vespertino El Correo de la Tarde, dio refugio en su propia casa a Buelna, según cuenta José C. Valadés.

Como la mayoría de los ferrelistas destacados, al ser derrotados, se convirtieron en perseguidos políticos de las autoridades a quienes habían confrontado. Buelna entonces se autoexilia en Guadalajara, con el apoyo de Valadés quien, le pagó el viaje en barco con destino a Manzanillo y le pagó la pensión en su destino para que pudiese evadir la persecución. En la capital tapatía, el mocoritense intentaría continuar sus estudios, al tiempo que busca mantenerse en el ejercicio del periodismo trabajando en un diario jalisciense llamado La Gaceta.

En 1910 se incorpora al maderismo sumándose a las tropas de Martín Espinoza, en el territorio de lo que hoy es Nayarit. Destaca rápidamente en esas filas. El escuinapense Martín Espinosa es designado Jefe Militar y Político del territorio de Tepic, y Buelna obtuvo el grado de Coronel. Durante el gobierno de Madero, Buelna continuó junto a Espinoza, quien lo responsabilizó de combatir a las gavillas y a las insurrecciones que algunos partidarios del General Bernardo Reyes generaron en esa zona, antes de la Decena Trágica.  Con la llegada del General nayarita Victoriano Huerta al poder mediante la asonada antimaderista en 1913,  tanto Buelna como Espinoza tuvieron que salir de Tepic.

Según Nestor Padilla, Cronista Municipal de Acaponeta, Espinoza le encomendó a “Buelna [que] bajara por la sierra a Acaponeta para que de ahí pasara al sur de Sinaloa, reunir gente y armas para continuar la lucha por la recuperación del Territorio… al llegar a Escuinapa, se encontró con los líderes maderistas Lino Cárdenas y Francisco Pérez “El Gacho”, quienes hostilizaban con alrededor de cien hombres a los federales. Al platicar con ellos, Buelna los convenció de atacar la plaza de Acaponeta, defendida por pocos federales y apoderarse de sus armas y pertrechos”, pero fueron derrotados, muriendo ahí Francisco Pérez.

En medio de la lucha contra la usurpación huertista, Buelna alcanzó “el grado de general brigadier el 26 de diciembre de 1913, en Hermosillo, Sonora, firmado por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza”. Como parte de esa facción revolucionaria participó en la Convención de Aguascalientes, mediante la que buscó generar un acuerdo entre todos los grupos para evitar un mayor derramamiento de sangre. Dentro de esa Convención Buelna entró en conflicto con el General Obregón, al apoyar “la supresión de las jefaturas de los Cuerpos de Ejército y las de las Divisiones, y sus jefes… para que la unidad militar superior fuera la de las Brigadas, [porque] los mandos divisionarios constituían un notable amago para la tranquilidad pública [por] la acumulación tan grande de fuerza militar [que representaban] y pasarán a depender de la Secretaría de Guerra del Gobierno Interino emanado de la Convención”. Punto en el que el divisionario sonorense no estaba de acuerdo. Finalmente, Buelna se adhiere a las resoluciones de la Convención y apoya al gobierno emanado de la misma, defeccionando del constitucionalismo que rechaza los resolutivos de la asamblea revolucionaria de Aguascalientes.

Las dificultades entre los revolucionarios no sólo eran de corte político; también las había de índole personal, como los rencores que el General Juan Banderas le profesaba a Buelna y que hicieron explosión en la Ciudad de México, donde ambos se encontraron como parte de las tropas leales a Convención. Vito Alessio Robles, en su libro “La Soberana Convención de Aguascalientes”, narra que “en la avenida de San Juan de Letrán a las 12 del día se registró una formidable balacera frente al Hotel Cosmos, el 9 de diciembre [de 1914], con saldo de muertos y heridos. Una fuerza a las órdenes del General Rafael Garay penetró al vestíbulo y desde éste disparó sobre el General Juan Banderas, el Agachado, que bajaba la escalera acompañado por un Capitán y un asistente. Estos repelieron la agresión. El primero resultó herido con dos balazos en un brazo, el Capitán quedó muerto y el asistente gravemente herido, Garay quedó muerto por los disparos que le hizo Banderas”. Alessio Robles era en ese momento Inspector de la Policía en la Ciudad de México, intervino en el caso y al interrogar a Banderas, este le informó “que a las 11 de la mañana encontró casualmente al General Buelna en la puerta del Hotel San Carlos, con quien había tenido grandes altercados desde la campaña maderista en Sinaloa y atribuía a éste la orden de aprehensión dictada por el Presidente Madero cuando ascendió al poder. Agregó que lo había insultado sin que Buelna contestara. Que se dirigió al Hotel Cosmos y después de permanecer en su cuarto por algunos momentos, cuando bajaba por la escalera fue agredido por el General Garay y algunos soldados. Culpaba al General Buelna de haber enviado a su segundo, el General Garay, a que lo matara”.

Luego de ese incidente trágico, Buelna salió de la capital de la República como parte de las fuerzas de la Convención, para enfrentar a las tropas leales a Carranza. A partir de la segunda quincena de diciembre de 1914 se distinguió en los combates que permitieron a los convencionistas avanzar sobre Guadalajara, con Villa al frente, y llegar hasta Tepic. A Buelna, el centauro de la División del Norte le habría encargado, poco después, extender sus dominios sobre Sinaloa, en la calidad de Jefe de la División de Occidente del Ejército de la Convención.

 El General Ramón F. Iturbe, por parte de los constitucionalistas, amenaza atacar a Tepic y Buelna se percata que no cuenta con los suficientes pertrechos para resistir victorioso. Le exige a Villa el apoyo necesario y ambos entran en confrontación, al grado que el duranguense acusa a Buelna de desobedecerlo y ordena su captura y fusilamiento. El mocoritense se fuga hacia los EE.UU. huyendo de la persecución villista.

Ivor Thord-Gray, un aventurero militar sueco que escribió un libro acerca de sus experiencias en la Revolución Mexicana, titulado "Gringo Rebelde: México 1913-1914", describe a Buelna en los siguientes términos: “Mi responsabilidad consistía en sosegar los ímpetus de este hombre, el cual tendía a ser extremadamente temerario y descuidado, aunque era afortunado. Mi tarea implicaba también el tratar de persuadirlo de que aceptara algunos principios fundamentales en materia militar, tales como estrategia, táctica y administración y hacer cuanto pudiera por este soldado muy joven pero valeroso… de aspecto pulcro y al parecer muy inteligente, aunque no era fuerte físicamente… Rafael Buelna acababa de ser nombrado brigadier… era una figura militar principal, amén de política, en el bando rebelde, y que pronto sería Ministro de Guerra, y Presidente a su debido tiempo”.

La profesía de aquel soldado de fortuna europeo no se cumplió. Tras algunos años de exilio, Buelna “regresó al país en 1919 para trabajar como administrador de rastros y mercados; un año después [se arregló] con Villa y se unió al movimiento contra Venustiano Carranza, y meses más tarde combatió la candidatura de Álvaro Obregón”. Con todo, siendo Presidente de la República, Obregón conservó a Buelna con su rango militar, eso si, lo relegó en una comandancia militar de Jalisco pero sin mando de gente.

El sinaloense todavía tuvo arrestos para sumarse a la Rebelión de Adolfo De la Huerta contra la imposición del General Plutarco Elías Calles como sucesor de Obregón en la Presidencia de la República. Se pone a las órdenes del General zacatecano Enrique Estrada. En esa contienda obtuvo algunos triunfos para su causa, el más conocido fue en Teocuitatlán de Corona, Jalisco, donde derrotó a una columna mandada por el General Lázaro Cárdenas del Río, a quién tomó preso y lo puso a disposición del Gral. Estrada quien le perdonó la vida al michoacano y lo liberó, enviándolo en un tren especial hacia la Ciudad  de México. Buelna siguió en la campaña militar y trató de tomar Morelia. En esa batalla cayó abatido el 23 de enero de 1924. En un gesto de gratitud hacia “el granito de oro” por haberle salvado la vida, “siendo Presidente de la República, el General Lázaro Cárdenas, dispuso el traslado de sus restos desde el panteón civil de Morelia a Culiacán en septiembre de 1935”.

La institucionalización de la fecha de natalicio de Buelna, el 23 de mayo, como “Día del Estudiante” en Sinaloa, a partir de una iniciativa originada en el seno de la Universidad Autónoma de Sinaloa, es un dato poco difundido, aunque la celebración estudiantil haya alcanzado extensión estatal en los niveles educativos del medio al superior.

 
 
Texto a buscar:
Festival:
 
Ir..
 


Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán