Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Manuel Bonilla

Manuel Bonilla

Ideólogo y político.

 

Enrique Vega Ayala

Cronista Oficial de Mazatlán

 

            El Ing. Manuel Bonilla fue el líder civil de la revolución maderista en Sinaloa. En poco tiempo se ganó la confianza de Francisco I. Madero, quien lo nombró primero miembro de su Consejo de Estado, encargado de la cartera de Comunicaciones, al triunfar su revuelta; luego lo colocó como Ministro de Comunicaciones y Obras Públicas del Gobierno interino de Francisco León de la Barra; más tarde lo ratificó en el mismo Ministerio al inicio del Gobierno Constitucional del propio Madero; para trasladarlo al Ministerio de Fomento casi al final trágico de su mandato. En el ejercicio de las responsabilidades como Ministro. Bonilla se preocupó por llevar los requerimientos para el desarrollo de Mazatlán a las altas esferas gubernamentales, particularmente buscó interesarlas en la realización del proyecto de nuevas instalaciones portuarias. Prueba de ello fue la visita que realizó Bonilla, en 1912, junto con el Vicepresidente José María Pino Suárez a nuestra ciudad, no sólo para inaugurar el tramo ferroviario Mazatlán-Tepic; sino a conocer directamente las áreas donde se planeaba ubicar los nuevos muelles y los predios que se promoverían para la instalación de empresas vinculadas las actividades marítimas e industriales.

            El Ingeniero Bonilla era uno de los hombres de más edad, entre quienes se habían involucrado en la conducción del movimiento revolucionario en Sinaloa; y era el de más experiencia en asuntos de gobierno. Tenía 43 años cuando se hizo cargo de presidir al “Partido Antirreeleccionista” en nuestro estado y había ocupado diversos cargos en el gobierno local y de dirección en la iniciativa privada. Por la información que se puede reunir de diversas fuentes, Bonilla había sido regidor en el Ayuntamiento de Culiacán, Director del Periódico Oficial El Estado de Sinaloa en 1891, Tenedor de Libros en la Tesorería del Estado, en 1895, se le atribuye haber sido Visitador de Hacienda hacia 1909 y, en la Enciclopedia Así fue la Revolución, se dice que había figurado como “ministro supernumerario de del Supremo Tribunal de Justicia de Sinaloa” (cosa extraña porque no era abogado). En los negocios dicen que había sido Administrador de la Fábrica El Coloso en Culiacán y era Director de la Compañía Naviera del Pacífico en Mazatlán en 1910.

            Según los datos biográficos que ofrece la enciclopedia citada y en el Diccionario de la Cultura Sinaloense, estudió Ingeniería Topográfica en los Estados Unidos, sin embargo en la relación de profesionistas residentes en Sinaloa en 1895 no aparece registrado en el rubro respectivo; en cambio firma los cuadros estadísticos de la Tesorería del Estado, en el informe de gobierno aludido antes, bajo el título de Tenedor de Libros.  Así mismo se dice que en 1909 realizó trabajo de proselitismo a favor del candidato de oposición en Sinaloa, José Ferrel, empero, su nombre no aparece consignado siquiera en las relaciones conocidas de los integrantes de los Clubes Democráticos que se crearon para promover a Ferrel.

            En cambio, entre las persecuciones y represalias que se orquestaron contra los opositores a Díaz en 1910, por su destacada participación en la campaña sinaloense a favor de Madero como candidato a la Presidencia de la República, a Bonilla lo implicaron en un juicio por calumnias  presuntamente “cometido al señalar como ladrón al autor de un robo por valor de $60,000 llevado a cabo en bienes de [la] compañía naviera de la que era director el Ing. Bonilla, y a la cual una colección de pícaros trataba de saquear. El robo estaba perfectamente comprobado; las pruebas rendidas en el proceso señalaban con claridad meridiana al rufián de que he hecho mérito, como autor del delito; pero la justicia del Sr. Redo [gobernador de Sinaloa] lo absolvió… y enseguida lo utilizó para deshacerse de aquel enemigo a quien consideraba peligrosísimo, indignado porque no se dejó sobornar, negándose a aceptar el puesto de Tesorero del Estado, y otros que le fueron ofrecidos y mandados ofrecer, por el propio Redo”, según cuenta el Lic. Manuel Bonilla Jr. en su libro “Diez años de guerra. Sinopsis de la Revolución Mexicana”.

            Bajo es acusación, Bonilla fue aprehendido el 21 de mayo de 1910 y se le negó la libertad bajo caución. “El proceso fue tan escandaloso, por lo impúdico…” que al Juez de Distrito que le concedió amparo al ingeniero lo cesaron, le fijaron la fianza más alta posible y habiendo conseguido el dinero para cubrirla el nuevo juez se negó a recibir el monto establecido y desafió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación cuando desobedeció la orden de libertad inmediata para Bonilla que dictó la Corte al revisar el amparo, cuenta la misma fuente.

            Según esto a Bonilla le ofrecieron que se “fugara” y le pusieron la oportunidad para hacerlo, pero se negó a tomar esa propuesta por los antecedentes conocidos de aplicación de lo que se llama “la ley fuga”, como la que habían empleado en junio de 1910 con Gabriel Leyva Solano. Seis meses duró Bonilla en la cárcel como preso por sus ideas políticas maderista, finalmente salió para incorporarse a las tareas organizativas de la rebelión a la que había convocado Madero a través del Plan de San Luis.

            Manuel Bonilla, quien nació en San Ignacio el año de 1867, asumió la dirección del periódico El Correo de la Tarde en el periodo clave del inicio de la revolución. No era extraña su designación porque había sido colaborador de ese vespertino “desde los 24 años,  [publicando] novela y poesía con el pseudónimo de Marcial.  Meses después, al triunfo de Madero en Ciudad Juárez, luego de designarlo como integrante de su gabinete como Ministro de Comunicaciones, el coahuilense lo comisionó para restablecer el orden en Sonora y Sinaloa. Con éxito cumplió esa misión, que para Mazatlán representó la reorganización de los servicios públicos y la formación del cuerpo de guardias rurales, para someter los brotes de gavillas que empezaron a proliferar. En Culiacán, Bonilla tuvo un rol destacado al evitar el fusilamiento de Diego Redo, gobernador destituido por los revolucionarios; aunque no pudo impedir el incendio y destrucción de la Fábrica El Coloso, que se dice él mismo había administrado años antes. Héctor R. Olea lo incluye en la lista de Gobernadores de Sinaloa (el número 173 de esa cuenta), en calidad de provisional, al ser derrocado Diego Redo, y por designación de Madero; pero, no hay ninguna evidencia de tal nombramiento.

             Con motivo de las elecciones federales de 1912, ya bajo el predominio maderista, Bonilla fue elegido Senador de la República; pero, se separó de dicha representación para, como ya se dijo antes, asumir el Ministerio de Comunicaciones al lado del apóstol de la democracia mexicana. La oposición al gobierno de Madero se ensañó no sólo con el Presidente revolucionario por su filiación espiritista y su baja estatura, también lo hizo con Bonilla a quien le criticaban su estilo de vestir y su excesivo formalismo en el trato (lo descalificaban en términos duros como “mamarracho” y le apodaban “el Gedeón del maderismo”).

            Durante la Decena Trágica, Bonilla estuvo al lado de Madero, sólo que pudo escapar al momento en que los traidores efectuaron la aprehensión del Presidente y Gabinete en Palacio Nacional. Tras un intento por llegar a Sinaloa, fue detenido en Manzanillo y regresó preso a la Ciudad de México, donde se vio obligado a asumir el cargo de Senador por Sinaloa para que le respetaran la vida. Al parecer, días más tarde, con el apoyo de diplomáticos norteamericanos, logró salir del país. En medio de la revuelta constitucionalista, Bonilla reingresa a México por Sonora y se pone a las órdenes del General José María Maytorena, Gobernador de esa entidad. Las diferencias entre Bonilla y los sonorenses Obregón y Calles se profundizan cuando Maytorena rompe con los constitucionalistas.

En el fragor de la lucha de facciones revolucionarias, a la caída del usurpador Huerta. El ingeniero sinaloense se afilia en la División del Norte al lado del General Francisco Villa, con el apoyo de su amigo y antiguo compañero en el Gabinete de Madero, el General Felipe Ángeles. En ese periodo, Villa le habría encargado la realización de un estudio mediante el cual se plantearan las políticas necesarias para atender al campo en Chihuahua. Con ese motivo Bonilla elaboró su texto “Apuntes para la resolución del Problema Agrario”. A la Convención de Aguascalientes, que reunió a las representaciones de todas las agrupaciones revolucionarias participantes hasta entonces en la lucha, el Ingeniero Bonilla concurrió como delegado de la División del Norte.

Como figura importante del villismo, Bonilla fue interlocutor relevante con algunos intelectuales con la jefatura militar. Uno de ellos, el poeta José Santos Chocano, con quien mantuvo correspondencia fluida por un largo periodo. Gracias a ese intercambio epistolar se conoce la desilusión que sufrió el poeta peruano del General Villa, a quien, en una carta dirigida al sinaloense, le atribuye “una locura de fusilamientos, una borrachera de atropellos, una desesperación de fiera en medio del incendio del bosque… [Asegurando que] a nadie escucha, a nadie atiende y, lo más grave, a nadie cree”.

Quien sabe si la derrota del villismo o el propio desencanto de Bonilla, respecto a ese grupo al que se había acogido, lo lleven a marginarse de la configuración de los grupos revolucionarios que se disputarán el poder en la etapa de institucionalización. Regresa a Mazatlán. Aquí se hace cargo de la Dirección de la Fundición de Sinaloa. A pesar de sus esfuerzos no logra reencauzar a esta empresa, muy golpeada por la crisis en que se vio el puerto tras la guerra civil y en 1925 debió cerrarla definitivamente. En 1929, renació la vena política de este ilustre sinaloense, cuando se incorporó a la campaña por la Presidencia de la República del Licenciado José Vasconcelos, logrando convertir a Mazatlán en un punto crucial en la estrategia proselitista del vasconcelismo.

La esperanza se apaga con la derrota de Vasconcelos. Bonilla continúa con su vida modesta y discreta en nuestro puerto. Eso si, mantiene por largo tiempo una presencia importante en la Cámara de Comercio local y contribuye a la fundación de la Sociedad de Procultura Regional que dará vida a la Preparatoria Mazatlán. En esta institución se desempeña como catedrático y fue su director en el periodo 1936-1938. Además, se dedica a la investigación arqueológica y a escribir, publicando los libros: “Aztlán en México. La peregrinación de los nahuas” y “Estudio de los petroglifos sinaloenses”. Tras su muerte (16 de octubre de 1957), a los 90 años de edad, en nuestro puerto, el Ayuntamiento decidió imponerle su nombre a la Biblioteca Municipal.

 

 
 
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