Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán

13.01.2018 Cultura Mazatlán
Toshio Shimizu Akiyama

Toshio Shimizu Akiyama

Médico.

 

El papel del Dr. Shimizu es relevante para la historia mazatleca del siglo XX  porque es uno de los integrantes más relevantes del conjunto de japoneses que han radicado en el puerto, en algún momento de su historia; que si bien no formaron una “colonia” al estilo de las que hubo en el siglo XIX, hoy son raíces de generaciones de mazatlecos orgullos de ese origen. 

A Shimizu se le reconocen contribuciones importantes para la vida comunitaria en el ejercicio de su profesión. En la biografía de este galeno porteño hay evidencias de conductas altamente apreciadas colectivamente en razón de su disposición humanitaria para atender a cualquier persona sin importar el pago estricto de sus honorarios; dicen que las aportaciones en especie eran comunes entre los pacientes de Shimizu, cuando no podían cubrir sus emolumentos en efectivo. También se cuenta su destacada participación en la revolución mexicana, atendiendo heridos y enfermos durante esos años. Igual se apunta su preocupación por aportar al combate contra el paludismo, cuando esa enfermedad asoló la región en los años veinte del siglo pasado, mediante las cápsulas antipalúdicas que patentó; lo mismo que la famosas “Gotas del Dr. Shimizu” para curar la indigestión. Además de su trayectoria profesional en el Hospital Militar que lo llevó a ostentar el grado de Mayor en el Ejército Nacional. Por otra parte, en su tiempo la voz popular le atribuía, lo mismo el ser el médico que más mazatlecos había ayudado a nacer, que la condena por haberse enriquecido practicando abortos.

Entre los partos presuntamente atendidos por Shimizu en Mazatlán, sin duda, destaca el que se dice atendió el 18 de noviembre de 1917, a la 1:30 hrs en el domicilio de calle Constitución No. 508. Allí yudó a la parturienta Refugio Cruz a dar a luz a un niño al que le pusieron por nombre José Pedro y quien con los años sería mundialmente reconocido con el nombre artístico de Pedro Infante.

Según datos disponibles, proporcionados por sus propios descendientes a Rubén Romero Ibarra para una nota periodística: “Toshio Shimizu nació el 22 de abril de 1881 en la prefectura de Yamanashi-Kofu, Japón. Estudió en Tokio la carrera de medicina y se graduó en noviembre de 1903. Al poco tiempo se trasladó a Estados Unidos… [donde] …ingresó a la Universidad de Denver, Colorado” para que se le autorizara ejercer su profesión en ese país. Ese reconocimiento lo recibe “el 02 de enero de 1907 por la Junta de Examinadores Médicos de Denver, Colorado”.  

De acuerdo con su expediente personal, llegó a Mazatlán en 1912 y en 1927 solicitó su nacionalización como mexicano. El General Plutarco Elías Calles, entonces Presidente de México, le firmó su carta de naturalización. A pesar de ello, en 1942, luego del ingreso de nuestro país a las hostilidades de la segunda guerra mundial, el Dr. Shimizu sufrió las consecuencias de su oriundez y en marzo de 1942 fue trasladado a un centro de confinamiento creado por el gobierno mexicano para los ciudadanos nacidos en los países del Eje, enemigos por causas de la guerra. De acuerdo con el expediente de Shimizu, formado por las investigaciones especiales realizadas por agentes de Gobernación en nuestra ciudad, los detractores del médico lo habían señalado como “súbdito japonés” encubierto, de quien, particularmente algunos sacerdotes, especulaban que, la labor de “sus dedos que habían impedido el nacimiento de una generación de mexicanos… respondía a un plan concertado por Japón para reducir el número de mexicanos”.

El prestigio y la fortuna acumulada para entonces por el Dr. Shimizu le facilitaron un trato deferente por parte de las autoridades y mediante la intervención del Coronel  Rodolfo T. Loaiza, Gobernador del Estado en funciones, logró eludir la mayor parte de la “condena” de reclusión en el centro de concentración a que se le había destinado como potencial enemigo. Lo que no pudo evitar fue su asesinato, el 2 de junio de 1959.  Hecho de sangre que motivó especulaciones al por mayor en la ciudad. El caso fue resuelto judicialmente, pero socialmente se considera como hecho impune, porque la autoría intelectual nunca quedó aclarada a satisfacción del morbo popular.

Tampoco pudo impedir que una parte de los terrenos que había acumulado a lo largo de su vida, el predio llamado la “Quinta Shimizu”, fuera ocupada por precaristas que dieron origen a la colonia que conocida con el apellido de este galeno de origen japonés, naturalizado mexicano y mazatleco por su voluntad y por adopción de la comunidad.

 
 
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